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10 Conductas de niños que parecen rebeldía y cómo pueden evitarse

Cuando se trata de educar a los hijos, todo resulta más complejo en la práctica que en la teoría. Podemos haber leído mil libros sobre el comportamiento y la educación infantil, pero cuando estamos cenando y el niño tira la comida al piso por quinta vez, la teoría se olvida y es muy probable que reaccionemos con enojo. Sin embargo, es muy importante recordar que los niños no suelen hacer estas cosas para molestarnos, sino que siempre hay un motivo atrás que quizá no estemos viendo.

1. Cuando parece que lo único que quieren es jugar

Los niños cargan con mucha energía y, por consiguiente, con bastantes ganas de jugar, porque el juego es parte fundamental de su crecimiento y desarrollo. Lo que pasa es que a veces los adultos no comprendemos bien estas invitaciones a jugar o las confundimos con conductas incorrectas, cuando ellos lo único que quieren es compartir sus emociones y comunicarse. Por eso es bueno aceptar esa oferta de juego, aunque interrumpa alguna actividad cotidiana.

2. Cuando expresan emociones o sentimientos “negativos”

El principal problema aquí es que los adultos etiquetamos ciertas emociones como negativas y entonces les pedimos a los niños que las repriman (“no te enojes”, “no llores”, “no grites”); sin embargo, el enojo, la frustración y la tristeza no son cosas negativas, por el contrario, es bueno identificar por qué se sienten y aprender a expresarlas.

Los niños experimentan los mismos sentimientos que un adulto, solo que, a diferencia de nosotros, ellos no pueden ocultarlos o reprimirlos. Además, no siempre saben cómo expresarlos con palabras, por lo que podemos ayudarles a hablar sobre ellos al preguntarles directamente, dándoles su espacio, o bien podemos recurrir a series o películas que les gusten para trasladar lo que sienten a la realidad.

3. Cuando te responden y te hacen ver tus incongruencias

La inconsistencia con los límites siempre es un factor de confusión para los niños, ya que no entienden por qué un día se les premia con un dulce por ninguna razón aparente y al otro día no, aunque hayan realizado la misma acción. Es muy importante mantener la misma consistencia con los premios y límites, porque los pequeños identifican fácilmente las incongruencias y no se limitan a la hora de hacérnoslas notar.

4. Cuando se niegan a hacer cosas que tú quieres que hagan

Un niño no suele negarse a hacer algo solo porque sí, siempre habrá una razón, y muchas veces esta es simplemente que está cansado. Y es que algunos padres quieren mantener a sus hijos todo el tiempo con actividades que les ayuden a desarrollarse, pero como dice el dicho, “bueno es cilantro, pero no tanto”. Si recargamos sus días con tareas podríamos llevarlos a la sobreestimulación.

Esta se produce cuando hay exceso de movimientos, experiencias, sonidos, entre otros, que resultan avasallantes para los niños y que pueden agotarlos, reflejándose en su humor e hiperactividad. Los comportamientos varían según la edad del niño sobreestimulado, por ejemplo:

  • Recién nacidos y bebés: mal humor, cansancio, voltean las caras, aprietan los puños y patean.
  • Niños de preescolar: cansancio, mal humor, llanto sin capacidad de explicar sus emociones, berrinches en el suelo, negación a realizar actividades.
  • Niños de primaria: torpeza, búsqueda de más atención, más pedidos de ayuda de lo normal en tareas escolares o del hogar.

Para ello, se recomienda balancear las actividades con momentos de calma para que los niños se sientan seguros y tranquilos.

5. Cuando hacen justo lo que les dices que no hagan

Muchas veces, los padres nos frustramos cuando les decimos a nuestros hijos que no hagan algo y lo hacen en ese instante, pero la verdad es que los niños no siempre logran controlar tales impulsos. El autocontrol se desarrolla por completo cerca de la adolescencia, por lo que el proceso que el niño realizará para aprender a regular sus impulsos será largo y lento.

Mantener la calma es la clave para poder lidiar con este tipo de situaciones, ya que principalmente te dará tiempo para pensar y proveer la respuesta más beneficiosa para el niño, también teniendo en cuenta tus intenciones como padre.

6. Cuando se ponen de malas o hacen “berrinche” en momentos de estrés

Algunas veces notamos cambios de actitud cuando estamos cansados, pasamos una mala noche o simplemente estamos hambrientos. A los niños les ocurre lo mismo, solo que su capacidad de control emocional ante tales situaciones especiales es mucho menor que la de los adultos. Por eso, observando estos cambios de humor podemos actuar con mayor eficacia, porque los niños no siempre saben cómo comunicar lo que les ocurre.

Hay varias maneras de acercarte para que puedan tener la confianza de contarte lo que sienten, siempre en un ambiente tranquilo para que puedas preguntarles directamente. Entender lo que le ocurre al niño también es vital. Para eso puedes compartir una anécdota tuya que relate la misma situación, lo que podría permitirte crear una conexión emotiva y empática.

7. Cuando replican las emociones de sus papás o hermanos

Los niños son como una esponja y, como tal, reaccionan ante las emociones que sus padres expresan. Esto quiere decir que si los adultos están estresados, los hijos también mostrarán ese estado de ánimo. Esto puede explicarse con el contagio emocional, el cual, según la neurociencia, es un efecto de imitación que va más allá de copiar gestos y que llega hasta contagiar emociones. Es por ello por lo que es importante mantener un ambiente tranquilo para que el niño pueda absorber emociones positivas.

8. Cuando se empeñan en hacer algo solos

A los niños les gusta la autonomía y sentir que pueden ser dueños de sus propias decisiones. Muchas veces se rebelan cuando nosotros como padres tratamos de ayudarlos, pero no entendemos la razón de ese rechazo. Entonces, si el niño quiere hacer su cama solo, es mejor dejarlo hacerla. Así podrá llevar a cabo sus planes y sentirse más autónomo.

9. Cuando no quieren hacer cosas de la escuela en casa

Cada humano es distinto, por lo que todos tenemos diferentes habilidades: unos son enfocados, algunos son intuitivos, y otros pueden ser más cuidadosos o perfeccionistas. Al igual que las monedas, las capacidades tienen dos caras, por lo que en algunos ámbitos estas fortalezas se destacan. Sin embargo, en casa, el niño que usualmente se concentra en la escuela puede desenfocarse.

Es importante recordar que hay que distinguir el comportamiento de la forma de ser del niño. Es deseable identificar las conductas no deseadas para corregirlas y no indicar que su forma de ser es incorrecta, lo cual puede causarle daños psicológicos a futuro.

10. Cuando no se están quietos

Muchas veces nos frustramos por esto, pero por más que le digamos a nuestro hijo que se quede quieto, no va a hacerlo, ya que los niños son seres cargados de energía y tienen una necesidad alta de moverse. En vez de corregirlos, es mejor ayudarlos a canalizar esa energía en una salida al parque, andando en bicicleta, jugando al fútbol o a las traes, etc.

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