Bella y Genial
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20+ Niños que no tienen pelos en la lengua

Los niñitos suelen decir cosas sin pies ni cabeza, justamente porque son pequeños y ven el mundo con ojos muy diferentes de los nuestros. Pero, a veces, sus frases inocentes pueden ir cargadas con un poco de verdad y humor. Tanto que hacen reír a carcajadas a quienes las escuchan. E incluso, hasta logran que los mayores se ruboricen como un tomate.

  • Mi hijo de 4 años se estaba portando muy mal y le dije que ya me había hecho perder la paciencia. Se metió al armario y, cuando le pregunté qué hacía, me contestó que me estaba ayudando a buscarla. Un minuto después salió contentísimo porque ya la había encontrado. © Elda Carolina Munguia / Facebook
  • Mi hija subió al autobús con su niño en la falda y él no dejaba de moverse y de tocar a la señora del asiento contiguo. La mujer le dijo a mi hija: “Haga que el niño esté quieto. Me romperá las medias de nailon”. Mi nieto la miró y le dijo: “A ti los Reyes Magos no te van a traer nada”. © Teresa Velazquez / Facebook
  • Mi hijo, cuando tenía 5 años y le daba flojera ir al kínder, siempre usaba la excusa de que no podía ir a estudiar porque estaba con dolor de ovarios. © Nany Ordoñez / Facebook
  • Un día subimos al transporte público con mi nieto de 3 años. Nos sentamos y el niño se puso a observar a un señor bajito, gordito, de piel morena y barba blanca. Entonces, me miró y dijo: “Abuela, ahí está Papá Pitufo”. Todos los pasajeros se echaron a reír. © Noemi Souverville / Facebook
  • Mi hija de 5 años estaba mirando Tom y Jerry y me preguntó: “Mami, ¿tú veías este dibujito cuando eras pequeña?”. Le dije: “Sí, mi amor”. Y ella respondió: “Uy, es viejísimo”. © Ivannia Cruz / Facebook
  • Mi hijo menor tenía 4 años. Un día fuimos al supermercado y vimos a un señor que tenía el cabello blanco y la barba también blanca. Mi hijo dijo: “Mira, mamá, es Santa, se puso a dieta, ya no está gordo, pero así es mejor. Está saludable”. En ese momento todo se quedó en silencio y el señor solo sonrió. © Katheryn Brandt Jimenez / Facebook
  • Íbamos con mi hijo de 4 años por una avenida muy transitada y nos pasó un superauto. El niño preguntó: “¿Qué clase de coche es ese?”. Y mi esposo le contestó que era un convertible, a lo que mi hijo, muy sorprendido, respondió: “¡Guau! ¿Y en qué se va a convertir?”. © Andy Longo / Facebook
  • Mi hija de 6 años estaba mirando el teclado de la computadora y me preguntó: “Mamá, ¿sabes cuál es la tecla que tiene más dinero?”. Siguiéndole el juego, le dije: “¿Cuál tiene más dinero?”. Y me dijo: “Es el 4”. Toda extrañada le pregunté por qué y me dijo: “Sí, mira, tiene el signo $ en la parte de arriba”. © Loren Streber / Facebook
  • Yo trato de que mi hija de seis años sea más ordenada con sus útiles de escritorio, pero siempre fallo en el intento. Cuando ve que ya la voy a castigar, me dice: “Madre, la mala suerte me persigue. Seguro cargo la maldición de mis ancestros y por eso se me pierden las cosas”. Ni siquiera sabe qué significa la mayoría de las palabras que acaba de decir. © Milagros AB / Facebook
  • Un día estaba paseando con mi hija de 6 años y me pidió ir a la iglesia. Yo, asombrada con su pedido, la llevé. Me pidió visitar a San Cayetano. Y frente al santo, se arrodilló y a viva voz declaró: “Cayetano, tengo piojos”. ¡Me quería morir! © Angeles Retz / Facebook
  • Un día le dije a mi hija (que entonces tenía 6 años) que no comiera mucha sal o iba a retener líquidos y se iba a hinchar. Luego de una pausa, me miró, observó la sal de nuevo y dijo: “¿Tú comías mucha sal?”. © Tabbiss Hernández / Facebook
  • Un día, mi hija me dijo: “Mami, cuando yo sea grande voy a tener 4 hijos. Dos te regalo a ti y dos me quedo yo”. Me causó tanta risa. © Gonzalez Silvia / Facebook
  • Mi hijo, cuando tenía 3 años, se sentó en la mesa, tomó una tijera y recortó un pedazo de mantel que colgaba. Mi mamá le preguntó por qué había hecho eso y le dijo que era para poder ver a los gatitos que estaban debajo de la mesa. © Luz Elena / Facebook
  • Cuando mi hijo tenía cuatro años, visitamos a unos amigos. Al llegar se sentó muy quietito. Al cabo de un rato, ya cansado de esperar, se levantó y preguntó: “¿En esta casa no sirven nada para tomar?”. © Rocio Guadalupe / Facebook
  • Cuando mi hijo tenía tres años, viendo fotos de mi embarazo, me preguntó: “¿Dónde estaba yo?”. Le respondí: “En la barriguita”. Y muy serio me dijo: “¿Por qué me comiste?”. © Amparo Jimenez Moran / Facebook
  • Cuando mi hija tenía cinco años, hizo el experimento de colocar una semilla en algodón mojado. La semilla brotó, pero luego se secó por falta de agua. La profesora le preguntó: “¿Por qué murió la planta?”. Y ella respondió con tristeza: “Porque la vida es cruel”. © Sergio Segovia Diaz / Facebook
  • Mi hijo de nueve años vio unos implantes mamarios en un consultorio y le preguntó al doctor: “¿Para qué es eso?”. El médico le dijo: “Se los ponen las mujeres para tener los senos más grandes”. Mi hijo, asombrado, le dijo: “Ah, quieren tener más leche”. © Magaly Verdesoto / Facebook
  • Uno de mis estudiantes más pequeños un día me preguntó si yo tenía hijos y esposo. Respondí que no. Y me dijo: “Ah, pues ya no va a tener, porque las señoras como usted ya los han conseguido”. Sentí el peso de mis 20 años caer sobre mí. © Juliana López / Facebook

¿Cuál es la frase más graciosa que has escuchado de un niño?

Imagen de portada Magaly Verdesoto / Facebook
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