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21 Personas que no temieron renunciar a sus empleos tóxicos y darle una lección a sus jefes

A veces, conseguir trabajo es sumamente difícil, lo que puede llevarnos a aceptar cualquier empleo en cuanto tengamos la oportunidad. Lamentablemente, algunas condiciones laborales son tan deplorables, que en definitiva no valen ni todo el dinero del mundo.

En Bella y Genial, hicimos una selección de historias que nos enseñaron a ponerle un alto a los jefes tóxicos y nos demostraron que siempre hay una mejor alternativa.

  • En uno de mis primeros empleos trabajé en un lugar de manualidades en foami. Todos siempre estábamos en silencio, pero en la misma mesa. Una vez se me ocurrió romper el hielo y preguntar por el nombre de cada compañero (como buena onda) y presentarme. En la tarde me dijeron que ya no me necesitaban, que se iba a trabajar, no a hablar, cuando ese día había hecho casi el doble que los otros días. © Claudia Lizeth Montoya Conde / Facebook
  • Trabajaba en un lugar en donde, a partir del minuto de retraso, te descontaban. Si llegabas quince minutos tarde te descontaban el día completo y lo debías trabajar de todos modos. Una vez, llovió tanto que todos llegamos supermojados, con la calle inundada, y aun así nos descontaron. Poco a poco, fuimos renunciando. La empresa cerró y nunca pudo crecer. © Kelly RS / Facebook
  • Trabajé por unos meses en una tienda en el área de ropa. Todo iba bien, me esforzaba por desempeñarme en mis áreas, hasta que un día mi papá llegó a dejarme un dinero para un faltante. El pseudoguardia lo acusó de ladrón solo por ver que había sacado el dinero de su cartera, y cuando salió de la tienda, se burló de él por el zafarrancho que hizo con la policía. Al día siguiente, fui a renunciar. © Alexis Andablo / Facebook
  • Trabajé con una chica que era mala patrona. Un día, por accidente, se me cayó una porción de carne. Ella se puso a gritar como loca delante de los clientes, mientras me decía que tenía que terminar mi turno. Mi compañera había tenido el mismo accidente días atrás y a ella no le había dicho nada. Salí, me senté y esperé a que terminara de insultar y gritar como loca. Al final, no me pagó, pero cuando llegué a casa, me llamó para pedirme disculpas. No trabaje ahí nunca más y me quedé tranquila. © Silvia Elena Vega Cardona / Facebook
  • Me ocupé como empleada doméstica por día en una casa en la que la dueña solamente quería hacer limpieza profunda y tirar todas las cosas de las ex-habitaciones de sus hijos de pequeños para cuando vinieran de visita.
    Al final fueron miles de bolsas de ropa de niña y de mujer de muy buena marca e impecable y cosas que estaban en desuso en la casa o bien picadas: tazas o platos. Trabajé tres días en ese tema y le pregunté si, en vez de tirarlas, me las podía llevar. Aceptó.
    Cuando terminé el trabajo, fui a cobrar y me dijo que me podía dar por pagada con todas las cosas que me había llevado. © Lorena Guallama / Facebook
  • En cierta ocasión, mis hijos estaban de vacaciones en México con mi madre, exactamente la primera semana de principios de año. Mi madre me llamó para decirme que una de mis niñas se había enfermado y le pedí permiso a mi jefe para ir a verla. Respondió que no porque era la primera semana después de los días festivos y no podía darme el permiso. Tomé mi bolso y caminé hacia la puerta de salida mientras me decía que, si salía, no podría regresar a trabajar ahí. Jamás lo volví a ver. © Martha Castillo / Facebook
  • La encargada de una tienda de ropa donde trabajé me hizo comer mi almuerzo en el baño, porque al dueño le molestaba ver a las personas comiendo. Tenía incluso el microondas arriba del WC para calentar mi comida. Cuando terminé de calentarla, la boté a la basura y salí del baño, tomé mis cosas y le dije a la encargada que renunciaba.
    Al otro día me llamó el dueño para preguntarme por qué no había llegado a trabajar y le dije que eran condiciones indignas y me dijo que solo era una broma de la encargada para ver si aguantaba, que eso lo hacía con las buenas vendedoras para formar carácter, que ella era así, pero era buena jefa. Obvio que corté el teléfono. © Jossel Alejandra Fernández / Facebook
  • Tenía unos 19 años y trabajaba de mesera en un restaurante. Un día, vino a comer una familia de unas 7 personas con un niño de 2 o 3 años. Mientras servía las bebidas, el niño saltó en la silla y me tiró toda la bandeja de bebidas encima. Los padres enseguida se disculparon y me dijeron que pusiera otra ronda y que cobrará ambas, ya que no había sido culpa mía.
    Mi jefe salió de la cocina maldiciendo lo mala camarera que era y me dijo que no valía ni para robar panderetas (literalmente). La mujer intentó disculparse y explicarle, pero él solo gritaba que no había disculpa, que le podía haber hecho daño al niño y que no podía ser tan torpe...
    No sé qué más dijo, porque me quité el delantal ahí mismo y dejé el trabajo, a él gritando y la mitad de las mesas en medio de la comida. © Merce Riera / Facebook
  • El día que falleció mi papá, fui a hablar con el gerente de recursos humanos para pedir permiso para ir a su funeral. Días después, quise terminar mi jornada de trabajo para no estar pensando en esa situación, ya que yo vivía sola y no había nadie que me acompañara en mi dolor. Su respuesta fue: “Mejor vete a llorar a tu casa”. Como apenas tenía 2 semanas en la empresa, me pidieron renunciar en ese mismo momento. Es una empresa muy buena, pero su personal de recursos humanos apesta. © Lizz Mrey / Facebook
  • Una vez me cambiaron de horario para supervisar a un grupo de trabajo muy vago. En efecto tenían mala gestión de trabajo, eran vagos y malcriados. Hice los respectivos reportes y solicité los cambios del personal, cuando me respondieron de la empresa me quedé atónito. Me dijeron que no me harían caso y que debía cuidarme, ya que una de las personas que reporté tenía familiares en recursos humanos. Inmediatamente tomé la decisión de irme, obviamente, después del pago quincenal. © Jeffry Natanael Monge / Facebook
  • Trabajaba en un lugar y también estudiaba. Varias veces en mi última quincena me pidieron cubrir horas extra, por lo que tenía que pedir permiso en la universidad para así tener un extra y pagar la colegiatura. En total, junté 5 días en horas extra, pero cuando llegó la quincena, no vi esas horas. Cuando pregunté, me dijeron que se descontaron por el uso excesivo del baño, ya que teníamos 15 minutos al día para ir. Después de eso, presenté mi renuncia y conseguí un trabajo mejor. © Pérez George / Facebook
  • Trabajaba en un lugar y, un día, mi hijita de un año enfermó. Estuvo internada en el hospital y yo, para no perder mi trabajo, la cuidaba toda la noche y mi madre me ayudaba por el día mientras yo trabajaba. Un día, me llamaron al trabajo porque el hospital necesitaba que yo, como madre, me presentara para firmar el consentimiento de un procedimiento. Se lo comuniqué a mi jefa de inmediato y la respuesta fue: “Si dejas tu puesto, no vuelvas al trabajo”.
    Ella estaba embarazada, esperando su primer hijo. En ese mismo momento, le respondí: “Me voy, espero mi cheque y deseo que nunca tenga que pasar por una situación como la de mi bebé cuando nazca el suyo”. Me fui. © Sherry S. Venegas / Facebook
  • Cuando tenía 16 años, quise entrar a trabajar en un restaurante como mesera. Fui a pedir informes y la dueña salió a recibirme. Yo llevaba un pantalón formal, blusa y zapatos, y antes de siquiera preguntar o presentarme, ella me miró de arriba abajo y me dijo: “Así no se deberían vestir las señoritas. Si quieres trabajar aquí, tienes que venir de falda y escote”.
    Me quedé pasmada por un momento tratando de encontrar la lógica a su comentario. Me di la vuelta y salí de ese lugar. © Lvlia Saved Filia Hernan / Facebook
  • Tenía 3 meses de embarazo cuando llegó una nueva gerente a la tienda. Supuse que la gerente antigua quizá le habría comentado a la nueva de mi embarazo. La gerente nueva llegó con personal que ella tenía en su anterior sucursal y, como no había cupo, empezó a despedir poco a poco a trabajadores que ya tenían tiempo en la tienda.
    Luego se fue de viaje por una semana y a su regreso me confrontó. Me preguntó por qué no le había dicho que estaba embarazada. Yo le dije que pensaba que la otra gerente ya le había dicho. Luego me miró por unos instantes y meneó la cabeza. Le pregunté si había algún problema. Esbozó una sonrisa a medias y me dijo: “TÚ eras la primera persona que quería despedir en cuanto regresará de mi viaje de negocios y, ahora, con esto (el embarazo), ya no puedo”. © Roxana Juárez Pérez / Facebook

¿Cuál ha sido tu peor experiencia laboral y cómo le pusiste fin?

Imagen de portada Don Kanonji / Facebook
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