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10 Hechos de los baños de la antigüedad que nos hicieron valorar el que tenemos ahora

Ir al baño en nuestras casas es parte de nuestra cotidianeidad, al punto que para algunas tener que usar uno fuera les resulta incómodo. Ahora, ¿Te imaginas haciendo tus necesidades en un lugar público a la vista de todos? Aunque para nosotras sea impensable, en la antigüedad esa era la manera de hacerlo e incluso era una actividad social.

Afortunadamente, muchas cosas cambiaron y la manera de usar los toilettes se volvió privada y con tratamientos de los desechos más higiénicos que antes, así que quisimos dar una vuelta por el pasado para agradecer lo que hoy tenemos.

1. No eran para nada privados

Situadas en los centros urbanos, las letrinas eran instalaciones que, por lo regular, se diseñaban junto a jardines y albergaban de cuatro a cincuenta personas. El momento que ahora es sumamente privado, en el siglo I a. C. no lo era tanto, pues los romanos lo veían como una actividad social.

2. Todos se limpiaban con la misma esponja

El papel de baño todavía no existía en la Antigua Roma, por lo que para limpiarse usaban una esponja de mar amarrada a un palo de madera. Lo más sorprendente, quizá, era que las letrinas públicas romanas no tenían cubículos privados, por lo que la esponja, luego de ser usada, se colocaba de nuevo en un balde lleno de agua salada o con vinagre. Era un material de limpieza comunal.

3. Los desechos se arrojaban a las calles

En la Edad Media, el acceso a la gestión de residuos era un privilegio de clase. Por ello, a falta de un baño interior, las personas solían gritar “¡Agua va!” para advertir a los transeúntes de los desechos humanos que estaban a punto de arrojar desde su ventana. Esta práctica siguió hasta la introducción de los sistemas de alcantarillado en el siglo XIX.

4. Las letrinas olían muy mal, sobre todo en verano

En este mismo período, el diseño de los baños se basaba en la clase social. Los castillos estaban equipados con espacios especiales que tenían agujeros en el suelo. Eran similares a armarios, insertados en el grosor de las paredes exteriores, y arrojaban residuos humanos en los pozos de las plantas bajas.

Las letrinas enviaban los excrementos directamente a los sótanos o al foso del castillo. El olor que producía este pozo negro era insoportable, sobre todo en verano, porque subía por las cañerías y regresaba a la boca de la letrina.

5. Tenían que ser vaciados manualmente

El uso del retrete fue adoptado gradualmente por la sociedad del siglo XVIII, por lo que todavía a mediados de este siglo era común el uso de las letrinas, cuyo contenido era vaciado por poceros (“hombres nocturnos”). Ellos se encargaban de recoger los desechos cuando las calles estaban vacías.

El servicio de los poceros era prestado cada 24 horas en los mejores distritos. Aunque era menos frecuente en los territorios más pobres, donde los desechos no permanecían mucho tiempo sin ser recogidos.

6. Eran foco de infecciones

Después de las instalaciones de los primeros sistemas de alcantarillado en las ciudades europeas, los decesos por cólera y fiebre tifoidea se redujeron exponencialmente. Resulta que la primera de estas enfermedades se propagaba a través del agua contaminada. Hoy en día, esto puede parecer obvio, pero los investigadores tardaron años en darse cuenta.

El primero en hacerlo fue el doctor John Snow, quien, mediante el uso de mapas, identificó la fuente de la infección en Londres: una fosa séptica debajo de una de las casas cercanas estaba goteando en el pozo que suministraba la bomba de agua. El trabajo de Snow no solo fue un hito de la cartografía sanitaria y el primer trabajo epidemiológico de la historia, sino también el punto de partida de los modernos sistemas de saneamiento que más tarde las ciudades occidentales adoptaron.

7. Eran comunales

Desde el Imperio romano hasta la Edad Media, hombres y mujeres se aseaban en baños comunales. Construidos y dirigidos por el estado, eran un destino diario común para bañarse y socializar. Estos edificios multiusos concentraban piscinas frías, tibias y calientes, pero también tiendas, gimnasios y bibliotecas. Algunos podían acomodar hasta a 1600 personas a la vez.

8. Se usaban para comer y conocer gente

Hay personas a las que les gusta ir al baño acompañadas para platicar o arreglar un detalle del vestuario. Pero los romanos comían, jugaban y se arreglaban los dientes en los baños. Para ellos era un hábito perfectamente normal y no les importaba hacer sus deberes físicos mientras pasaban el rato con otros.

En la época romana, los baños eran un gran lugar para conocer gente nueva y socializar. De acuerdo con un estudio, el cual investigó los objetos perdidos en los desagües de estos sitios, los bañistas comían ahí postres, mejillones y mariscos. También disfrutaban de pequeños cortes de ternera, cordero, cabra, cerdo, aves y ciervos salvajes.

Asimismo jugaban con dados y monedas, y trabajaban con textiles. Esto último, explica la investigadora del estudio, Alissa Whitmore, probablemente se realizaba en vestidores o áreas comunes que tenían asientos.

9. Eran para toda la familia

Desde el Imperio romano hasta la Edad Media, los baños fueron mixtos. En este último período se acostumbraba a tomarlos en familia. La preparación para asearse, según se explica en el libro El diseño de lo privado: el baño, de Luis Soto Walls, iniciaba desde la casa. Era común ver al padre de familia o a los hijos caminar en calzoncillos por la calle.

10. Estaban al aire libre

Durante la Edad Media, si querías hacer del baño solo tenías que buscar una escalera, puente u otro lugar público. En este período, la calle servía para satisfacer las necesidades naturales.

La historiadora Carole Rawcliffe explica que a finales del medievo, la gente se interesó más en la salud e higiene. Por ello, las autoridades financiaron letrinas públicas para mantener limpias sus ciudades. Surgieron grandes instalaciones donde las personas, mayoritariamente hombres, podían hacer sus necesidades a través de agujeros insertados en puentes que depositaban residuos humanos en los ríos que pasaban por debajo de ellos.

¿Qué es lo que más agradeces de tener un baño como el de estos días?

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