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19 Románticos recuerdan con humor cuál fue la peor cita de sus vidas

Para los enamorados, puede que no haya nada más romántico que una primera cita. Ese es el momento en que dos personas que se gustan tienen la posibilidad de dejar una buena impresión en el otro. Pero no siempre sucede como en las películas. Hay veces en las que en este primer encuentro suceden cosas fuera del guion, y no son precisamente agradables.

Aunque nos gusta el romance, esta vez, en Bella y Genial queremos compartir las anécdotas de nuestros lectores sobre las peores citas de sus vidas.

  • Durante mis prácticas de enfermería, en el quirófano conocí a un cirujano de ortopedia que tenía unos ojos azules hermosos. El tiempo que duró la práctica estuvo insistiendo en que saliéramos, y ya el último día me dijo que me invitaba a salir como despedida. Quedamos en vernos en una estación del subterráneo. Pues resulta que llegué y esperé, y esperé, y nada. No apareció, jamás nos vimos las caras sin gorros ni cubrebocas. Quién sabe, quizá nos vimos y no nos reconocimos, jajajajaja. © Ale Prado / Facebook
  • X señor que conocí hace unos pocos años atrás me invitó a cenar, así que salimos. Se peleó con el acomodador de autos por la tarifa, subestimó al mozo (pues lo saludé por conocerlo de años), lo miró partiendo de los zapatos, luego se tomó más tiempo del debido para ordenar, probar la bebida, etc. Me pidió que eligiera qué comer y se quejó durante toda la cena de la comida. Al final, casi atragantada, le dije que saludaría a una amiga que estaba allí y que no veía desde hacía mucho tiempo... ¡¡¡tiró los cubiertos haciendo muuuucho ruido!!!
    Un papelón. Todo porque una mujer lo había pasado con su auto cuando conducía hacia el restaurante. Olvidé contarles que la salida era mi regalo de cumpleaños. © Maria Inés Cuadros / Facebook
  • Hace poco quedé en encontrarme con un hombre en un restaurante. Íbamos a conocernos. No congeniamos para nada. Yo pensé: “Terminaré mi bebida y le diré que tengo que irme” (no quería verme grosera). Creo que pensamos lo mismo, porque me dijo “¿Nos vamos?”. Yo le dije “Claro”, y me levanté. Luego me dijo “Ahorita te alcanzo”, jajaja. Nunca se levantó de la mesa... Amablemente me corrió 😅😅😅. © Tania Montoya / Facebook
  • El chico que me gustaba me invitó a salir, y yo, toda ilusionada, acepté pensando que algo podría darse. Llegó la hora y mientras caminábamos me dijo que había oído por ahí que yo sentía algo por él... pero que él no sentía lo mismo y que no podría estar conmigo. Yo no sabía qué hacer y quería que la tierra me tragara 🤦‍♀️. Luego reaccioné y le dije que NO, que no era cierto, que, en efecto, alguna vez había comentado que me gustaba, pero nunca había dicho que quería estar con él, que no se creyera tanto 🙄. Dije que, de hecho, estaba enamorada de alguien más. Me sorprendí de mi veta histriónica. © Diana F. Carrillo / Facebook
  • Salí con un chico del colegio que siempre me gustó. Por casualidad fuimos a un lugar donde también se encontraba un amigo con una chica que él estaba conociendo. Los cuatro nos sentamos juntos. No llevábamos ni dos bebidas cuando le dije a mi amigo que saliéramos un momento. Al regresar, mi cita estaba besándose con la cita de mi amigo. La noche siguió, y la nueva pareja no dejaba de besarse y coquetear, mientras mi amigo y yo hablábamos de mi supercita. La cosa no terminó ahí: a la hora de pagar, él me dijo que no tenía dinero, que si podía prestarle para pagar la cuenta de él y la de la chica 😤😤. © Laura Sotelo / Facebook
  • Una vez conocí a un chico por chat. Me dijo que me invitaba a tomar un café y poco antes de vernos me preguntó si podía acompañarlo a una cirugía estética que duraba alrededor de 30 minutos. A mí me sorprendió, porque se supone que en esas situaciones debes estar acompañado de alguien de confianza, no de una persona que acabas de conocer. El caso es que me dio pena, sentí que tal vez estaba muy solo y no tenía la confianza para pedírselo a nadie más, así que lo acompañé. La cirugía duró una hora, pero él despertó seis horas después. Yo estaba muy preocupada pensando que hasta había muerto en el quirófano, jajajaja, y no sabía a quién llamar. Fue la peor cita de mi vida. © Angie Perez / Facebook
  • Hace unos años, invité a cenar a mi novia para festejar el día de su cumpleaños. Fuimos a un nuevo restaurante de donde ella anhelaba probar los postres. Pedimos, estuvo delicioso y la pasamos chévere, pero cuando pedí la cuenta era como cuatro veces más de lo que yo me esperaba; comparado con los restaurantes lujosos locales, resultaba una cantidad absurda. Cuando recibí la factura, y sabía que no tenía todo el dinero, supe también que estaba en problemas. Me puse frío y ella obviamente lo notó. Le dije que no pasaba nada. Fui a hablar a la caja y les expliqué la situación; solo les pedí que me dieran una hora para pagar todo. Llamé a un par de amigos, quienes me ayudaron a pagar la cifra más absurda y alta por un cheesecake, un jugo y un café. Aún nos reímos de eso. Es mi actual esposa, tenemos una hija y vivimos felices, jajaja. Todo lo malo pasa. © Richard Montilla / Facebook
  • Fue una cita con un hombre y un niño de 3 años... Fuimos a comer y él me dejó sola porque el hijo quería subir a conocer el restaurante (más de una hora sola). El niño se orinó y él no tenía ropa para cambiarlo... Fue un desastre. Me levanté de la mesa y pagué la cuenta. Gracias a Dios nunca más volví a verlo. Estuve todo el rato sola, hasta comí la pizza sin compañía 😫. © Paola Bello / Facebook
  • Una vez me invitaron a la playa en la noche, y yo pensé: “La playa, la luna, sentados en la arena, suena romántico”. Imaginen la sorpresa cuando nos bajamos del auto y él empezó a entrar en calor para hacer ejercicios y correr. Es decir, me llevó para correr, y yo nunca hago ejercicio. La única caminata que hago es cuando voy a la tienda, y no es por hobby. Fue ahí cuando comprendí que no funcionaría, porque éramos totalmente opuestos. Imagínenme ese día sentada sola mientras él corría (ni loca intentaría correr solo por quedar bien). © Rocíö Ramg / Facebook
  • Esto fue cinco años antes de WhatsApp. Mis amigos me enviaron SMS como si fueran una chica. Empecé a chatear con “ella”, y luego me citaron muy lejos de mi barrio. Yo me puse guapo, perfume, zapatillas nuevas... Al bajar del bus, vi a mis amigos saliendo del coche tirándose al suelo de tanta risa, y yo igual. © AB JA GA / Facebook
  • Yo salí con un muchacho que me había insistido una y otra vez. Lo hice para que ya no lo hiciera, y fue la peor cita. Imaginen, quedamos un miércoles y, para ese entonces, les juro que tenía al menos 20 mensajes que decían “¿Lista para nuestra cita?” 🤦‍♀️. Y si no le contestaba volvía a enviarme lo mismo. Fuimos a un restaurante nuevo y él quería impresionarme con todo, me decía que en un curso que había hecho en México se había vuelto fanático de la comida mexicana... Bien. Resulta que el restaurante identificaba las salsas picantes por nombre: “salsa cool”, “salsa compadre”, “salsa ’el valiente’”, pero no indicaba el grado de picante... Pues no va que el chico usa la de “el valiente” en sus tacos. El pobre sudaba chile, moqueaba todo el tiempo, lloraba, pero seguía intentando apantallarme con su glamur y su buen conocimiento culinario de tacos. Sentí esa cita como de 20 horas. Jamás dejó que hablara, solo eran sus palabras y las historias de su magnífica vida. Al terminar la comida, agradecí la cita y al otro día le cambié la tarjeta SIM a mi teléfono pensando que jamás volvería a verlo, pero a los tres días se apareció en mi facultad preguntando dónde estaba su novia, y yo 🤦‍♀️😤😤😤... todo lo que no le había dicho en la cita se lo dije ahí. De verdad, hay citas divertidas, pero hay otras que preferirías que jamás hubiesen pasado. Si ya te sientes forzado a salir no salgas. Yo lo hice por cortesía y fue lo peor. © Villagrán Majo / Facebook
  • Mi peor cita... Un chico me invitó al cine a ver una peli de esas tontas que son para adolescentes, sin historia (las odio, jamás pagaría por verlas). El caso fue que yo pagué las entradas, los bocadillos y encima, él fue con su mejor amigo (tuve una cita de 3 y yo ni enterada). El susodicho hoy es mi esposo. Le he enseñado a conocer el arte del cine y hoy le toca pagar TODO. Ya tenemos 2 hijos. © HM Ellie / Facebook
  • Una vez, un muchacho me invitó a tomar café y platicar. Acepté, y cuando pasó por mí me subí a su carro. Él y su automóvil estaban muy sucios. No podía creer que el tipo hubiese salido de su trabajo de construcción y ni siquiera se hubiera cambiado para salir conmigo. Como sea, la cita no estuvo tan mal porque ahora él es mi esposo. © Jordani Juarez Maldonado / Facebook
  • Salí con mi pareja a ver el mar, luego sentimos hambre y me invitó a una pizzería. Y en eso llega lo que ordenamos. Yo tengo la bendita costumbre de echarle mucho ají en polvo a la pizza, así que lo hice como siempre, y cuando estaba comiendo, una pequeña partícula de ají ingresó de forma brusca a mi garganta y me bloqueó el paso de oxígeno, ¡estaba ahogándome! No podía respirar, pero no quería que se notara, así que sonreía mientras me ahogaba (para no levantar sospechas), hasta que ya no podía respirar nada de nada. Mi cita se asustó y empezó a palmearme la espalda. Yo le decía con señas “Está todo bien”, pero no entraba ni un átomo de oxígeno a mi cuerpo, así que ya dejé de hacerme la diva y empecé a toser como perro chino. Al final, cuando se me fue pasando, él empezó a sonreír, ¡yo tenía la cara y los ojos rojos de la tremenda atorada que me había llevado! Todo bien, nos casamos y tenemos dos hijos. Y ya no hablo mientras como el ají en polvo de las pizzas 🧡. © Keren Almeyda / Facebook

¿Cómo sería una cita perfecta para ti? ¿Cuál es la peor que recuerdas?

Imagen de portada Natalia Rubio / Facebook
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