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10 Formas de aplicar la distancia compasiva para ayudar a otros sin descuidar nuestra salud mental

Cuando alguno de nuestros seres queridos está pasando por un mal momento, deseamos poder ayudarlo y estar ahí para él. Pero algunas de estas veces, sus problemas pueden generar una carga para nosotras si no sabemos manejarlos correctamente y poner límites para cuidarnos. Para aprender a hacer esto, existe la distancia compasiva, que nos permite estar disponibles para acompañar y apoyar a alguien que está pasando por una situación complicada sin arriesgar nuestro propio bienestar.

Bella y Genial encontró algunos consejos que son útiles para aprender a manejar estas situaciones difíciles y ahora queremos compartirlos aquí contigo.

1. Qué sucede cuando no tomamos distancia

Cuando nos ponemos en los zapatos del otro y experimentamos su dolor como si fuera nuestro, podemos sentirnos cansados emocionalmente, tristes, enojados y malhumorados. También podemos sufrir agotamiento físico, ver dificultada la capacidad de tomar decisiones y pensar con claridad. También puede aparecer la frustración por no poder ayudar a la persona que tiene un conflicto.

2. Cómo ser empáticas sin que esto nos afecte

“Tu dolor no es mi dolor, pero lo comprendo y también lo siento...”, dice un mantra que podemos utilizar en estas situaciones para ayudarnos a recordar que podemos empatizar con lo que le pasa al otro, sin generarnos un bloqueo ni sentirnos responsables por eso.

3. Comprender, pero sin dejarnos llevar por las emociones

Hay otras formas de sentir empatía sin inundarnos emocionalmente con el problema del otro. Si nos ponemos en el mismo lugar que el que está sufriendo, nuestro juicio se verá nublado y se perderá claridad para poder apoyar o ayudar al afligido.

4. Evitar un bloqueo

Ver a alguien triste o empatizar con una situación poco feliz nos puede afectar tanto que puede costarnos reaccionar. Se puede generar un bloqueo, donde el dolor emocional nos afecta tanto que no podemos reaccionar de la manera que nos gustaría para ayudar.

5. No ponerse en el lugar del otro

Por más que lo hagamos de manera inconsciente o por querer ayudar al otro, el síndrome del desgaste por empatía o compasión termina generando en nosotros una sobrecarga emocional que se puede evitar, ya que conectar con realidades traumáticas nos afecta emocionalmente.

6. Tampoco es necesario llegar a ser demasiado distantes

No ponernos en el mismo escalón de sufrimiento que la persona afectada no significa irnos al otro extremo. Ser fríos o dejar de lado los sentimientos que nos invaden no es útil para lograr una distancia compasiva productiva.

7. Date un descanso si lo necesitas

Ser soporte de una persona que está pasando por una situación difícil también es agotador para uno. Para poder seguir prestando ese apoyo, necesitamos respetar nuestro espacio y lo que nos piden nuestra mente y nuestro cuerpo. No es ser egoísta, sino que es un acto de cuidado hacia nosotros mismos para poder seguir estando disponibles.

8. Entender que no puedes resolver los problemas de los demás

Hay que saber ubicarnos ante el problema del otro y entender que nuestra misión no es brindar una solución mágica, pero sí acompañar. Los asuntos que no son nuestros no pueden ser solucionados por nosotros, pero sí podemos apoyar de manera sincera.

9. No soportar cargas ajenas

El sentirnos identificados con un problema, o estar relacionados con este de alguna manera, nos hace partícipes y, en muchos casos, nos hace creer que debemos tomar una postura o tener una opinión al respecto. Es ideal poder diferenciar los problemas propios de los ajenos, ya que al cargar con cosas de más tampoco podremos serle útil a la otra persona.

10. No confundir compasión con lástima

El término puede confundir a más de uno, pero la compasión poco tiene que ver con sentir lástima por alguien, más bien se habla de la piedad o la amabilidad. Es ver a alguien sufrir y sentir impulso por ayudar a aliviar su dolor sin hacerlo de menos. Para lograr ser compasivo se necesita fuerza, voluntad y valentía; esto puede ayudar mucho más que simplemente sentir lástima por alguien.

¿Cuándo fue la última vez que un ser querido necesitó tu ayuda?, ¿cómo te has sentido después de haberlo ayudado?

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