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11 Maneras de enseñar a tus hijos cómo gestionar sus emociones para resolver problemas

¿Cómo reaccionaste la última vez que te enfrentaste a un conflicto? La vida se compone de cosas bellas, pero también de dificultades. Lo importante es la actitud que tenemos ante ellas y lo que hacemos para resolverlas. Para los niños, esto no es tarea sencilla, pues ellos apenas están conociendo el mundo y necesitan una figura mayor que les enseñe a regular sus emociones y a comportarse ante las dificultades para poder encontrar soluciones.

En Bella y Genial, juntamos algunos consejos que pueden servirte de apoyo al momento de enseñarle a tu hijo a resolver problemas, pero de una manera divertida y amena. ¡Esperamos te sean muy útiles!

1. Ayuda a identificar las emociones

A veces olvidamos que los niños sienten las mismas emociones que un adulto, solo que no tienen el vocabulario para expresarlo. En cambio, ellos pueden exteriorizarlas a través de comportamientos, como expresiones faciales, actuaciones e incluso durante el juego. Así, es importante que cuando los niños se vean ante un conflicto, los ayudemos a identificar lo que están sintiendo.

Para ello, lo mejor es preguntarles de forma adecuada cómo se sienten, es decir, evitar preguntas simples de respuestas vagas y emplear preguntas específicas para identificar la emoción. También se puede aplicar formas visuales e interactivas para que el niño asocie sus emociones con una expresión facial a través de un gráfico o un termómetro con números y colores.

2. Usa juegos de rol

Como los niños aprenden a través del juego, las dramatizaciones o juegos de rol son excelentes herramientas para estimular su creatividad y capacidad de resolución de problemas. Si lo practican constantemente, a la larga se les dará de forma natural. Por ejemplo, se puede usar los juguetes de nuestros hijos para crear una situación y actuar las soluciones posibles para poder resolverla.

3. Haz una lluvia de ideas

Otra estrategia muy útil que se puede usar, no solo en un ambiente laboral, es realizar una lluvia de ideas. Puedes utilizar alguna pizarra o tela y colores para que sea más divertido para tu pequeño. Luego de que el niño explique el problema, invítalo a que proponga tres ideas de cómo resolverlo. Esto ayuda a que la resolución de conflictos sea cada vez más sencilla y que practique más el método en el futuro.

4. Elabora un frasco de soluciones

Existen infinidad de maneras creativas de poner al alcance de los niños soluciones a posibles problemas. Al igual que colocar dinero en un jarrón o un frasco, se puede crear un frasco de soluciones.

Por ejemplo, si nuestro hijo tuvo algún malentendido con un compañero de clase y aún no hay una forma clara de resolverlo, se puede hablar con él para que nos cuente lo ocurrido y le damos una mano para que llegue a una opción para resolver ese conflicto. Una vez que haya llegado a esa conclusión, se anota en un papelito y se guarda en un frasco. Así, cuando tenga una situación similar, el niño puede recurrir al jarrón y sabrá qué hacer.

5. Descubre de dónde viene el problema

Después de calmar las emociones, es importante identificar cuál es la raíz del problema, o sea, qué situación originó esas emociones.

Un ejemplo puede ser que el niño se sienta enojado porque su hermano mayor no quiso jugar con él. Sin embargo, esto podría tener un significado más profundo, ya que quizás el niño siente que su hermano no lo quiere más o que se está juntando con otros niños y que lo están desplazando.

6. Usa una comunicación efectiva

Una de las claves de la vida en general, sobre todo a la hora de solucionar una dificultad, es la comunicación. Por esta razón, es vital ejercer una comunicación efectiva y asertiva con los niños para que ellos también aprendan a usarla en el futuro.

Escuchar a nuestros niños es fundamental, de esa manera podemos ayudarles a organizar y nombrar sus emociones. Puedes motivarle a que use frases como “Me siento” para poder expresar lo que siente o a escribir los puntos fundamentales de la conversación. Esto también es una gran herramienta para nosotras, pues nos permite entender lo que nuestros hijos nos quieren decir.

7. Idea soluciones posibles

Parte de la solución de problemas está en el desarrollo de la empatía, ya que los niños pueden aprender a colocarse en los zapatos del otro. Con el tiempo podrá reconocer sus propias emociones y las de las otras personas, ganará más habilidades sociales y escuchará a los demás.

Existen algunas dinámicas para que los ayudaran a hallar respuesta a los problemas. Puede ser con un juego estilo béisbol en donde se lanzan un conflicto y va pasando por bases para encontrar una solución posible. Lo importante es calificar positivamente al niño y asegurarle que si la solución no es perfecta, sus propuestas son válidas.

8. Mantén la perspectiva siempre

En ocasiones pareciera que para los adultos tener el panorama completo de un problema es algo natural y simple. Pero para un niño no necesariamente es así, ya que una pelea con un amigo puede ser el fin del mundo para ellos.

Por eso, hay que ayudarles a poner las cosas en su lugar de forma que puedan practicar más la empatía, y frenarlos para que reflexionen, identifiquen el contexto, lo que dicen los demás y piensen más allá de lo que pasó.

9. No hay nada mejor que pedir una buena disculpa

A veces es difícil hacer entender a los niños por qué pedir disculpas es necesario, y en ocasiones cometemos el error de obligarlos a disculparse con alguien. Existen formas para que por sí solos ofrezcan una disculpa sincera.

Supongamos que en una fiesta, nuestro hijo le quitó unos dulces a otro niño más pequeño. Lo que normalmente hacemos es colocarnos frente a nuestro hijo y exigirle que pida disculpas y regrese las cosas que tomó sin permiso ese mismo instante. En vez de eso, lo más recomendable es llevarnos a nuestro hijo a un lugar más tranquilo para hablar con él sobre el incidente, así sabemos qué lo pudo ocasionar. Luego, se le puede hacer practicar la empatía haciéndole preguntas sobre los sentimientos del otro niño. Una vez que nuestro hijo haya entendido por qué su comportamiento no fue adecuado, estará listo para disculparse.

10. Muestra cómo se hace

Los niños aprenden por imitación ya sea a otros niños, a maestras, pero sobre todo a sus padres, ya que son sus referencias más cercanas de comportamiento. Demuéstrale cómo ser empático y afrontar los problemas de primera mano, recuerda que ellos te ven como sus modelos a seguir. Por eso hay que procurar ser el mejor ejemplo que se pueda para evitar dar mensajes contradictorios y practicar todas las reglas de conducta que les exigimos a los niños.

Por ejemplo, imaginemos que estamos en una tienda y ocurrió un error de cobro en una tarjeta de crédito y nos molestamos con la cajera. En vez de perder los estribos por nuestro enojo, pensemos en cómo nos ven nuestros hijos desde afuera y tratemos de estar calmados para llegar a una buena resolución. De esta manera se le refuerza la lección de estar tranquilo y ser paciente ante cualquier situación que lo pueda enojar. De lo contrario, aprenderá a que hacer rabietas y gritar a empleados está bien.

11. Realiza un seguimiento

Por más que el conflicto tenga una solución es bueno hacer seguimiento, para estar seguros de que el niño aprendió la lección y si la estrategia para resolver el problema de verdad funcionó.

Por ejemplo, nuestro hijo mayor estaba jugando un videojuego y su hermano pequeño quería que se lo prestara un rato, pero mi hijo mayor se negó. Luego de hacerle entender a nuestro hijo que debe prestarle su videojuego a su hermano menor por una hora, en vez de dejarlos solos es mejor estar al tanto de que se cumpla lo acordado y estar pendientes por si acaso surge otra discusión para reforzar más la lección.

¿Cuál es la mayor lección que aprendiste de tus padres? ¿Qué hacían tus papás para calmarte cuando te sentías triste o molesta?

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