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16 Compradores que volvieron de la tienda con un carrito lleno de historias

Ir a la tienda es algo tan cotidiano que casi lo hacemos en automático. Pero, si prestamos atención a nuestro alrededor, podemos ser testigos de situaciones tan descabelladas que sería inevitable ocultar la risa. Es que todo puede pasar mientras estamos de compras.

En Bella y Genial tenemos evidencias de esto, pues encontramos varias historias reales de las aventuras que es posible vivir a la vuelta de un estante de supermercado.

  • Mi mamá trabajaba en un supermercado conocido. Una vez, un hombre bien vestido de unos 30 años estaba parado detrás del estante de lácteos comiendo un pastelillo con mucho apetito. Es una práctica común en las tiendas, cuando llegan a la caja con el envase vacío, bueno, el comprador no se pudo resistir, ¿qué tiene de malo? Pero una empleada de la tienda le avisó al cajero, por las dudas. Cuando el cliente llegó a la caja, no había pastelillos entre sus compras. Lo comenzó a negar, armó todo un escándalo. Cuando le dijeron que le mostrarían en la grabación de las cámaras cómo se comía insolentemente un pastelillo de 1 dólar, el sinvergüenza, muy molesto, tiró las monedas a la caja y salió de la tienda. Salió, se subió a un Lexus y se fue. © GoCharliego / Pikabu
  • Fuimos a la tienda con mi esposo. Él se puso una chaqueta vieja y fea, y yo fui como una mujer hermosa con un abrigo de piel. Puse el bolso en el carrito y le dije: “Vigila el bolso, iré a hacer las compras”. No me alejé tanto. Una mujer se me acercó y me susurró con una mirada de complicidad: “Tendrías que vigilar mejor tu bolso, hay un hombre que está parado cerca y no le quita los ojos de encima. De seguro lo quiere robar”. Me reí tanto: “ese hombre” era mi marido. © Irochka Irina / Facebook
  • Le estaba renovando el departamento a mi hija, y fui por la tarde. Resultó que no había pan ni té en la casa. Decidí ir a la tienda de 24 horas más cercana. Y bueno, fui con la ropa de trabajo: jeans viejos y un suéter un poco manchado con polvo de construcción. Caminaba entre las filas eligiendo productos. El guardia no se alejaba de mí ni un paso, sospechaba que quería robar algo. Además, me miraba de mala manera, mostrando su desprecio. Imagínate su sorpresa cuando pagué con una tarjeta dorada y me fui en un BMW. Cada vez que recuerdo la cara de ese guardia, me río. © Vadim Bobrikov / Facebook
  • No sé qué tipo de política es, pero esto me pasa en los supermercados con una frecuencia alarmante: “¿Sabe que estos ravioles cuestan 10 dólares?”. Claro que lo sé, son los únicos que comen mis hijos. Probablemente, llegó la hora de renovar mi guardarropa. Parece que la gente no cree que me los puedo permitir. © Lechuza Durmiente / Genial.guru
  • Tenía 8 años. Mi papá y yo fuimos a la tienda de accesorios de radio. Mi padre vestía una camisa azul de manga corta. Estaba cerca, mirando la vitrina. Yo también. Después de estar parada un ratito, algo me interesó y dije:
    —Papá, ¿para qué es esto?
    No me respondía. Le suele pasar cuando se pone pensativo. ¡Entonces le tiré de la manga!
    —¡Papá! ¡¡¡Papá!!!
    Miré hacia arriba, y un chico flaco y alto de 19 años me miraba con sus ojos enormes; también traía una camisa azul de manga corta. Quedó duro de la confusión, pobrecito. © Henya Kavalenka / VK
  • Una conocida entró a una tienda y se encontró con su padrino; ella lo reconoció de espaldas. Y los dos se quieren mucho. Ella se acercó por detrás y lo abrazó. El hombre trató de mirar detrás de la espalda para ver quién era. Pero no pudo. Finalmente se dio la vuelta. Resultó que ese no era su padrino. Era un hombre totalmente desconocido. © Natalia Khlebina / VK
  • Fui al mostrador de la sección de manjares a comprar algunos embutidos. La única vendedora que había estaba cortando carne en rodajas sin prestarme atención. Preparó una bandeja completa y de repente la dejó caer al suelo. Y después, tranquilamente, levantó todo y lo puso sobre la encimera. Ese día no compré nada. © Stephen Fletcher / Quora
  • En la tienda a la que suelo ir, el suelo se hunde en algunas partes. Como visitante habitual de este hermoso establecimiento, comencé a explorar los lugares donde los carritos desatendidos comienzan a rodar por su cuenta. Una vez estaba parado en el pasillo, estudiando cuidadosamente las propiedades del papel higiénico, y una chica se paró cerca, reflexionando sobre los beneficios del detergente. Solté el carrito y este comenzó a acercarse a ella de una manera algo maligna. La chica se dio vuelta y vio que una montaña de salchichas y arena para gatos se le venía encima. Entonces grité con mi mejor voz autoritaria: “¡No, detente! ¡Obedece!”. Todo eso fue acompañado de movimientos “mágicos” con las manos. Y el carrito, frenando en un pequeño bache, se detuvo. Es que, en realidad, no necesito mucho para divertirme. © John Geare / Quora
  • Hay que dejar de ir a la tienda en ropa de casa. Hoy en la caja me advirtieron que el paquete de zanahorias cuesta 2,5 dólares. Insinuando que tendría que pensar mejor antes de permitirme tales caprichos. © belii_ne** / Twitter
  • Trabajé en un hipermercado. El flujo de cajeros era increíble, casi todos los días alguien renunciaba y llegaba alguien nuevo. Los cajeros superiores no tenían tiempo de enseñarles. Entonces, un día, después de un recuento, se reveló un valor negativo en los huevos de gallina por varios miles de unidades. ¿Quién había robado tantos huevos a la vez y cómo? Resultó que varias chicas no entendieron que cuando se ingresaba el código de los huevos en la caja, había que multiplicarlo por la cantidad. Por lo tanto, los clientes estuvieron comprando 10, 20, 30 y más huevos por el precio de una unidad durante todo un mes. © OlgaCharoite / Pikabu
  • Una vez, estaba en la fila de una caja exprés. Había una regla de “hasta 10 unidades”. Había dos adolescentes en la fila, hermanos, creo, y detrás de ellos había un anciano. El anciano miró dentro de la canasta de los chicos y dijo malhumorado: “Tienen 12 productos”. Pero el chico mayor se las pudo arreglar. Sonrió y le dio a su hermano algunas de las compras y el dinero: “Tú tienes 6 productos y yo tengo otros 6”. La joven cajera hizo todo lo posible por no reírse. En lugar de simplemente dejar que los chicos compraran dos artículos de más, el anciano tuvo que esperar a que la cajera atendiera dos compras separadas y que contara el cambio dos veces. © Jeremy Vogel / Quora
  • Estaba de fin de semana con unas amigas en Bruselas, entramos a una tienda de chocolates en la que te servías tú mismo, cogimos una cajita, la rellenamos de chocolates y pagamos. En ese momento vimos a un hombre vestido con traje que tomó un puñado de golosinas y se las metió en el bolsillo. ¡Salió sin pagar nada! Íbamos detrás de él viendo como se comía las golosinas que no había pagado... increíble, serían a lo sumo 2 USD. © Mayte Donis Sanchez / Facebook
  • Me va bastante bien económicamente, pero soy muy sencillo para vestir. Una tarde, después del horario laboral, fui al centro comercial y vi unos zapatos en una tienda exclusiva que me agradaron, así que ingresé y le pedí a la dependienta que, por favor, me los mostrara. La chica me “escaneo” de arriba a abajo y me dijo: “Señor, esos zapatos son muy caros, pero a la vuelta de la esquina hay una tiendita de segunda mano, donde seguro podrá encontrar algo a su alcance”. No me quedó otra que reír y retirarme de la tienda sin los zapatos. © Manuel Loaiciga / Facebook
  • Mi cuñado fue a la tienda. Compró papas, un par de limones, plátanos y algunas cosas que le había pedido su esposa. Llegó a la caja, pagó las compras. Se subió al auto y se puso a pensar, porque le parecía que había pagado demasiado. Miró el comprobante y vio que le habían cobrado por una cantidad de 241 bolsas de plástico. © ilkafo / Pikabu
  • Una vez compré 2 kilos de semillas de girasol para los pajaritos por 5 dólares. El precio indicado era de 0,25 dólares. Estaba encantada, me serví una bolsa llena. Resultó que era el precio por 100 gramos. Encima los pájaros comieron sin ganas. © Hildur / Genial.guru
  • Escuché en la tienda a mujeres hablando sobre los nombres cariñosos que les dan sus maridos. Todos tenían el típico “amorcito”, “dulzura”, pero el último nombre fue el mejor: “Mi marido me llama ranita, porque tengo manos pequeñas, piernas pequeñas y una barriga grande”. Nunca escuché nada más tierno en mi vida. © Oídoporahí / VK

Y tú, ¿qué es lo más loco o extraño que te haya sucedido en una tienda?

Imagen de portada Oídoporahí / VK
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